CUANDO NOS PERDEMOS EN NUESTRO MUNDO INTERIOR


En algún momento de nuestra vida, descubrimos que algo no está marchando bien, que estamos perdidos, no hay razón de ser o vivir, no encontramos sentido a nuestra vida; pues resulta que nuestro mundo interior es tan grande como el universo infinito, que podemos terminar perdiéndonos, por tener tantas cosas en la cabeza; como estudiar, buscar el amor y asuntos familiares por resolver, trabajar para satisfacer nuestras necesidades básicas de tener una casa o artefactos electrodomésticos, buscando que nuestras vidas sean más fáciles; por otro lado simplemente hemos caído en un sistema social monótono, hacemos siempre lo mismo, hacemos lo que podemos y estamos tan preocupados en cuestiones tan económicas y secundarias que hemos olvidado los sueños que teníamos de niños, como el de querer ser un superhéroe o presidente de la república de nuestro país, solo con el ánimo de servir o ayudar a otras personas o el sueño de tener una actividad o profesión que nos permita realizarnos, divertirnos, hacernos más humanos; sin embargo vivimos en un mundo, donde cada quien lucha por sobrevivir o tener más que el otro; y el lugar donde desarrollamos nuestra profesión es un lugar de tortura, estrés, donde existe un clima laboral de envidia, falta de superación y compañerismos.

Cuando nos perdemos en nuestro mundo interior, con frecuencia no diferenciamos entre el bien y el mal, la dialéctica de la vida. 

 Entonces podríamos decir que nos hemos perdido en nuestro propio mundo interno, nuestro sueño más noble y digno se ha perdido, no hay una brújula que nos pueda guiar, lamentablemente nos hemos dejado llevar por nuestro mundo externo, que es la suma de muchas vidas internas perdidas, y ahora ¿quién podrá encontrarnos? Tal vez para poder encontrarnos otra vez, necesitemos volver a soñar, encontrar un propósito, un objetivo a nuestra vida, algo que pueda hacernos sentir bien y que pueda elevarnos a nuestra excelencia de ser humano; por supuesto hace falta compartir este sueño personal con el sueño de los demás para poder obtener un sueño superior, de trascendencia y de todos nosotros; y para conseguirlo necesitamos un encuentro con el silencio. 





Redescubrir nuestro propósito en la vida, que es un constante caminar, se hace camino al andar, pero debemos tener un destino, los que no lo saben, están definitivamente perdidos en su mundo interior, sin rumbo; vamos entonces a convertirnos en un gran personaje, un importante empresario, liderar una organización con visión, un padre ó madre de familia amoroso y extraordinario, en alguien que pueda aportar y construir en nuestro mundo.

Cuando sabemos lo que queremos realizar, como crecer, desarrollarnos y trascender como personas; sabemos cuál es el camino que debemos seguir y cuál es nuestro destino final, entonces podemos evaluar nuestro objetivo o propósito en la vida, nos volveremos a encontrar y podremos decir si lo estamos logrando. Nos daremos cuenta que en muchas ocasiones nos cuesta avanzar, nos desanimamos y perdemos el rumbo, viene la desesperanza y es cuando en ocasiones queremos mandar todo al diablo. Es cuando debemos pensar que la vida nos pone a prueba, confronta nuestra fortaleza, nuestra manera de pensar y ver el mundo; y es donde cosecharemos lo que sembramos en lo personal y en las relaciones interpersonales; en los momentos difíciles es cuando más necesitamos a los seres queridos como la familia, los buenos y verdaderos amigos. Volvamos a encontrarnos a nosotros mismos, teniendo un propósito en la vida, que nos motive y emocione de manera trascendental.

Alcides Adolfo Román Rivas – Emociones Inteligentes.

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